Aprendizaje a dos bandas

Nika, potrilla proveniente de un decomiso que ahora vive libre y feliz entre caballos en Refugi de Cavalls les Vinyes


No soy una experta en caballos, pero me interesa como relacionarme con ellos. He asistido a un montón de cursos, leído libros, artículos sobre como son los caballos, cuál es su lenguaje, como debemos relacionarnos con ellos, que debemos hacer y que no, y poco a poco he ido aprendiendo, de cómo si y también de cómo no, o al menos de cómo no me gusta a mi relacionarme.

 

En general la idea es conocer la mente del caballo, como se relacionan con sus congéneres y como nosotros, desde esa base tenemos que interactuar. Hay como dos bandos, el de tenemos que ser el líder y dominar y el tenemos que ser como un caballo más. Dura elección. Cuando veo cualquier caballo, con un mínimo de 400 kg (algo más que yo), una fuerza capaz de traccionar pesos importantes (muchísimo más que yo), una boca con capacidad de arrancarme varios dedos de mi mano (yo no puedo arrancar ni uno solo de un bocado), unas manos y patas, que usadas inconvenientemente me pueden arrancar la cabeza de cuajo (ni que decir de mi … con eso), me pregunto ¿cómo me voy a erigir en su líder ó que clase de cosas tendré que poder aguantar para ser una caballo más? . Yo no quiero ser el líder de nadie, trabajo tengo con liderar mi propia vida, ni quiero ser “otro caballo”. Por muy amoroso que sea el trato, no tengo ganas de que ningún equino me rasque “la cruz” en señal de amistad. Ni quiero entrar en una manada como “el último”, pues seguro soy el más débil, e irme posicionado a golpe de desplazar a otro caballo, porque sencillamente, como no se apiaden de mi, lo voy a pasar francamente mal, no se echar las orejar para atrás y mis coceos dejan mucho que desear.

 

En cada relación estamos enseñando y aprendiendo, ellos (los caballos) y nosotros (los humanos), y estamos aprendiendo a como relacionarnos desde quien es cada uno. ¿Alguien tiene perros y caballos juntos?, ¿habéis parado a pensar como es su relación?

 

Porque hay cosas que no se pueden pedir ó que hay que pedirlas y aceptar un no. Duro ¿eh?

 

Una cosa es la firmeza en pedir, pero eso, a mi modo de entender no tiene nada que ver con “pedir hasta que me des lo que quiero”, hay que plantearse si “te lo estoy pidiendo bien” y “si te estoy dando el tiempo para que entiendas lo que quiero”. Ya es hora de quitar frases tipo “el caballo me está tomando el pelo”, por utilizar una suave. Lucy Rees, en su esplendida sabiduría sobre los caballos me dio una pauta genial, “un caballo nunca ataca, siempre se defiende”, y yo añadiría, aunque te ataque, un caballo se está defendiendo, y si pensamos eso, aunque sea solo por un momento, podremos plantearnos que, si se defiende cuando le estamos pidiendo algo, es porque lo está recibiendo como un ataque por nuestra parte.

 

Dejemos de cuentos, sometemos a los caballos porque son de una buena pasta increíble (en general sometemos a los animales porque son de mejor pasta que nosotros), pero debemos asumir el reto de relacionarnos con ellos desde otra forma, de saber pedir sin castigar y sobretodo, sin violencia. Cuando usamos la violencia (y no hace falta pegar para que el acto sea violento, un corralito con exceso de presión ya es un acto violento), es porque no tenemos mas recursos y nos sentimos impotentes (y eso se aplica a los caballos y a todo ser viviente, léase también en especial niños y mujeres). Si estamos de acuerdo pues en que la violencia está generada por la impotencia, lo que nos hace falta es aprender recursos para relacionarnos.

 

Ejemplo: un potro cuando lo acariciamos de pequeño e intenta usar su boca, generalmente lo hará como exploración, y es posible que nos llevemos algún buen par de pellizcos si no estamos atentos, pero me parece poco apropiado “pegarle” aunque sea un golpecito pequeño en su hocico. Sería preferible no dejar que ocurra, es decir apartar su cabeza de forma suave cuando vemos que va a intentar usar su boca. Ellos aprenden rápido que es lo que queremos, yo no quiero “morderle” como igual haría su madre, pues no quiero la relación que él tiene con su madre sino que quiero crear una relación nueva caballo-humano, con las limitaciones y las posibilidades que eso comporta. Como norma me parece apropiado lo de “ignorar lo no deseado y premiar lo deseado”.

 

Anna Alvarez